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DE FINTAS Y DESAIRES.    LA CRÓNICA DE UNA ELECCIÓN FRUSTRADA

Por Ricardo Lituma Muñoz

Publicado: 2020-11-16


El domingo pasado, luego de la renuncia de Manuel Merino al encargo de la Presidencia de la República y de toda la Mesa Directiva del Congreso, este último se reunió para elegir una nueva que iba a permitir definir la sucesión en la Presidencia de la República. La única lista estuvo liderada por Rocío Silva Santisteban pero finalmente esta no fue aprobada.

¿Qué fue lo que paso si se trataba de una lista de “consenso”. Veamos.

Es obvio que dadas las circunstancias, la ciudadanía iba a ver con mejores ojos una mesa directiva con una presidencia a cargo de un representante de los que votaron por el NO a la vacancia.

Eso implicaba que la presidencia recayera en el partido Morado.

En las bancadas del SI surgió la propuesta para que la presidencia recayera en Carolina Lizárraga, del Partido Morado. Se trata de una persona que creía en la vacancia de Vizcarra, pero que disciplinadamente voto por el NO por ser la decisión de su partido.

Aquí se produjo el primer conflicto dentro del partido Morado.

Es conocida la pugna entre Julio Guzmán y Carolina Lizárraga en la interna del Partido Morado. Ambos son fundadores de dicha organización y ella fue candidata a la vicepresidencia en la plancha que este liderara en el proceso electoral del 2016 antes de su exclusión de la competencia. Sin embargo en los últimos tiempos Lizárraga se distanció, de Guzmán por supuestos manejos poco democráticos al interior del partido, y de la bancada por interpretar que esta estaba actuando con injustificada benevolencia respecto al régimen de Vizcarra. Sin embargo, sigue inscrita en el partido y competirá en las internas de este con Guzmán para la candidatura presidencial.

Pero la propuesta le supo a “chicharrón de sebo” a Guzmán. La sola idea que su rival pudiese ser presidenta antes que él lo molestaba, pues si bien eso la descartaba para disputarle la candidatura presidencial para el 2021, podría posicionarla como una figura de dimensiones presidenciales que, en caso el partido Morado no ganara en el 2021, le podría significar un duro escollo en la interna para el control del partido y una candidatura posterior. En síntesis, la famosa tesis del “perro del hortelano”.

En este punto debe aclararse, conforme a las declaraciones efectuadas por Daniel Olivares, miembro del Partido Morado que estuvo presente en las conversaciones para la conformación para la lista de consenso para la Mesa Directiva del Congreso, que no hubo condicionamiento alguno para que el partido cuyo representante obtenga la presidencia de este renunciara a presentar candidato presidencial de la República para el proceso electoral del 2021.

Así las cosas, desde las filas de Guzmán salió la propuesta de Gino Costa para encabezar la lista de consenso y cerrarle el paso a Lizárraga.

Pero Gino Costa, sin militancia en el partido, es una figura visible de los “moraditos” que genera conflictos; ha tenido cercanía a varias organizaciones políticas hoy discutidas y no es precisamente popular entre sus compañeros en el Congreso, quienes lo acusan de ser “pro Vizcarra”. Por ello no tardaron en aparecer las naturales objeciones del resto de las bancadas.

Apareció entonces la posibilidad de Francisco Sagasti, actual vocero del Partido Morado para encabezar la mesa de consenso.

Sagasti, además de académico reconocido, ha sido una voz de ponderación en el actual Congreso, sobre todo en aquellos temas especialmente calientes. Es una persona de buenas maneras y no polarizante. Surgía como una propuesta sensata que no debería generar problemas; pero había un problema.

Sagasti es compañero en la fórmula presidencial de Guzmán y garantía de la seriedad y “democracia” de su propuesta en las internas del partido Morado. Su participación como Presidente del Congreso y encargado de la presidencia de la República impediría que lo acompañase en los próximos comicios generales.

Por otro lado, en las filas de Guzmán existía el temor del desgaste que supondría ejercer el gobierno transitorio en medio de una gran crisis nacional y como podría afectar sus pretensiones de ser gobierno “regular” en el periodo 2021-2026. Su cálculo político le decía que era mejor no encabezar la “lista de consenso”.

Para asegurar ello, sacaron un comunicado en el que, en resumen anunciaban que de ganar Sagasti propondrían revocar la decisión de vacar a Vizcarra.

Con esa amenaza continuaron las negociaciones y, como es obvio, se hizo necesario buscar que la presidencia del Congreso no estuviera en manos de los Morados.

Siendo el espectro de candidatos “habilitados” bastante corto, apareció entonces la posibilidad de Rocío Silva Santisteban para encabezar la mesa directiva, ahora con Sagasti como 1er vicepresidente.

Es así como se armó la lista de consenso con Silva Santisteban del Frente Amplio, Sagasti del Partido Morado, Luis Roel de Acción Popular y Yessica Apaza de Unión Por el Perú. Esta última votante por la vacancia, pero resultante de un acuerdo multipartidario para lograr el consenso deseado y anunciado después con bombos y platillos.

Lo que no calcularon en el Partido Morado en su intento de asegurarse un tránsito cómodo hacia las futuras elecciones generales del 2021 fueron 2 cosas:

1) Era evidente que Rocío Silva Santisteban, por su trayectoria en la izquierda, sus posturas y propuestas controversiales a lo largo de su carrera serian un factor de polarización que generaría dudas y protestas entre la opinión pública.

2) Que los partidos de la coalición vacadora, aprovechando lo anterior, con la aparición de las primeras críticas, le sacarían el cuerpo a la propuesta de consenso, dejando descolocados y desairados a los morados.

Lo que vino después ya lo conocemos todos, la lista no fue aprobada (obtuvo 42 votos a favor, 52 en contra y 25 abstenciones). Votaron a favor miembros del Frente Amplio, Partido Morado, Unión por el Perú y algunos de Alianza para el Progreso. En contra lo hicieron representantes de Acción Popular, Frepap, Fuerza Popular, Podemos Perú y APP.

El Partido Morado quiso evadir la responsabilidad que le tocaba asumir en la presente crisis y el tiro les salió por la culata, pues les tomaron el pelo, dejándolos mal parados con la imagen de “ingenuos” para muchos y para otros, los más perspicaces, de ser en realidad una agrupación que al más puro estilo de los políticos “tradicionales” que critican, se mueven más en función al cálculo político” del momento que en función a las reales necesidades del país.

Al cierre de este artículo y ante la imposibilidad de seguir rehuyendo a su responsabilidad, el partido Morado se ha visto obligado a armar una nueva lista, ahora si encabezada por encabezada por Francisco Sagasti e integrada por Mirtha Vásquez (Frente Amplio), Luis Roel (Acción Popular) y Matilde Fernández (Somos Perú) en la primera, segunda y tercera vicepresidencia, respectivamente, y todos votantes por el NO en la vacancia de Vizcarra.

Dicha lista competirá con la de la coalición vacadora e integrada por María Teresa Cabrera (Podemos Perú) en la presidencia y Leslye Lazo (AP), Mariano Yupanqui (Descentralización Democrática) y Yessica Apaza (UPP), en las vicepresidencias.

Lo que venga después lo veremos en unas horas.


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Zoon Politikón

Por Ricardo Lituma Muñoz. Abogado, idealista (¿o iluso?) creyente de las posibilidades de adecentar la política y el servicio público.


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